«LAMENTO»

Canto sin tener ganas,

oscura melodía que entristece 

al que sin querer obliga a escuchar.

 

Lloro y al mismo tiempo te miro,

como cuando la luna se refleja en el río.

 

Sin sobresaltos vivo,

monótona existencia a modo de castigo

que acabará con una pena difícil de aliviar.

 

Se rompió mi juguete preferido

y nunca más con él podré jugar.

 

¡Adiós… adiós… adiós!

¡Adiós juguete mío!

.

¿DEJAR DE SOÑAR?

No hay nada que sea más interesante que soñar

para evadirse de la realidad,

para pasar momentos inolvidables,

para desear y pensar en el más allá.

Soñar, soñar, soñar…

soñar para disfrutar y,

por un momento, olvidar.

Como una pululante sombra cubre tu ser,

que sin tocar nada y palpándolo todo,

incansablemente se pasea de un lado a otro

conduciendo la mirada de principio a fin.

Nunca dejes de soñar.

Soñar, soñar, soñar…

siemplente soñar.

LA CASTAÑERA

Un día otoñal, llegó a la ciudad una alegre castañera muy particular.

Con su cesta repleta de castañas en la plaza buscó un lugar

y allí solitaria empezó sus castañas a asar.

Un olorcillo sublime pululaba en el ambiente.

y, atraída por él, pronto acudió la gente.

¡Era genial!

Dicharachera castañera que con su arte a todos anonadaba.

Lanzaba las castañas al aire, las recogía sin mirar

al mismo tiempo que, a modo de trovador, recitaba:

«Recogí castañas en el castañar

y aquí estoy asándolas para dáoslas a probar.

¡Vendo castañas, castañas asadas

para hoy, para mañana y para toda la semana!

¡Compradme cucuruchos de castañas

y vuestra vida será más sana!»

«LA LOMBRIZ»

Encontré una lombriz,

salió del interior de la tierra.

La cogí con mucho cuidado y

la puse sobre las palmas de mis manos.

Serpenteaba como podía:

¡Hilito marrón, blando y anillado!

 Al verse descubierta,

intentaba sin éxito,

ocultarse entre los dedos.

¡No quería que la comieran!

Era tal su impotencia que,

de repente,

decidió quedarse quieta.

¡Me asusté de su imprudencia!

Con gran decisión llevé al pequeño anélido

hasta un lugar seguro:

Una fértil y húmeda tierra.

¡Garantía de vida perpetua!

No sé qué fue de la lombríz

desde que la liberé

jamás la volví a ver.

¡Certero destino el suyo!

 

 

«VERANO, VERANILLO»

  • – ¡En verano hace calor!, exclamó mi amigo Ramón.

         – ¡Vaya una novedad!, le contesté yo.

         – ¡Ven conmigo y disfrutemos del veranillo

           comiendo, mojándonos y charlando!

  • Vi cómo el implacable sol:

         llevaba a la desesperación

         a seres que deambulando desganados

         buscaban algún umbrío rincón.

  • Pues yo observé a unas lagartijas

         disfrutando de un gran baño de sol

         calentando sus fríos cuerpecitos

         e inundándolos de calor.

  • ¡Hay verano veranillo

          exasperas a unos cuantos

         y a otros das cariño!