FÁBULA: «LOS RATONES Y EL LEÓN»

 

Había una vez un león orgulloso que paseaba tranquilamente por el campo.

Cazaba cualquier animal para satisfacer su hambre.

Una tarde atrapó a un ratón. Éste, al darse cuenta de cual iba a ser su destino comenzó a llorar y dijo:

– No me comas por favor. Tengo una familia que cuidar y si no regreso morirán.

El león se apiadó de él y le dejó marchar.

Una semana después, el gran felino cayó en una trampa que habían colocado unos cazadores.

Cerca del lugar estaba el ratón con su familia comiendo y bailando.

De repente escucharon unos fuertes rugidos y sigilosamente se acercaron hasta el lugar de donde procedían.

Vieron al enorme león metido en una gran bolsa de cuerdas.

Si ninguna dilación, los pequeños roedores las cortaron y le liberaron.

Desde aquel día el león y los ratones se hicieron amigos inseparables.

Fin

MORALEJA:

«Si piensas en los demás y te apiadas de ellos,

  con el tiempo tendrás tu recompensa».

 

«EL PASTORCILLO MENTIROSO» (fábula de Esopo)

Aquí podéis leer dos versiones de esta fábula que tanto nos gustó.

Había una vez un joven pastor que estaba cuidando su rebaño en el monte. Un día decidió divertirse asustando a los labradores que se hallaban en las cercanías y comenzó a gritar:

– ¡El lobo! ¡El lobo! ¡Socorro! ¡Un lobo ataca mis corderos!

Los labradores dejaron sus tareas y corrieron a ayudarle. Cuando vieron que no era cierto, y que el niño se había burlado de ellos, volvieron a su trabajo.

Poco tiempo después, el muchacho volvió a hacer lo mismo y nuevamente los aldeanos llegaron corriendo, pero se dieron cuenta de que sólo lo hacía para reírse de ellos.

Pero sucedió que un día apareció un lobo  y empezó a matar a los corderos. Esta vez, el niño, muy asustado, corrió en busca de ayuda gritando:

– ¡El lobo! ¡El lobo! – gritó -. ¡Un lobo ataca mi rebaño! ¡Socorro!

Pero por más que gritaba, los labradores no se movieron, pues pensaron que era otra de sus bromas. Y así fue como el pastorcito perdió todas sus ovejas.

MORALEJA: Nadie cree a los mentirosos, ni siquiera cuando dicen la verdad.

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Había una vez en la cima de la colina un pequeño pastor que pasaba todo el tiempo cuidando a sus ovejas y mientras las veía, se le ocurrió hacer una broma a los demás pastores del pueblo para divertirse.

Es así que una mañana se dirigió a lo alto de la colina, donde pastaban sus corderos y se puso a gritar:

– ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Viene el lobo! ¡Ayuda!

Entonces, los pastores y habitantes del pueblo alertados al oírle gritar desesperado, corrieron a brindarle auxilio, pero al llegar donde él encontraron al pastorcillo acostado tranquilamente bajo la sombra de un árbol riéndose.

– ¿Dónde está el lobo? – preguntaron al pastorcillo.

Pero él nuevamente sonriendo les contestó:

– ¡Ja, ja, ja!, qué risa me dan. ¡No es verdad! ¡Sólo era una broma! ¡Aquí no hay ningún lobo!

Al día siguiente el pastor, con más ganas de seguir mintiendo para burlarse de los pastores, volvió a la cima de la colina para gritar la misma mentira:

– ¡Socorro, socorro!, ¡viene el lobo!

Los demás campesinos escucharon el auxilio pero pensaron que podría ser que el pastorcillo se estuviese burlando nuevamente de ellos.

– ¿Será verdad? – preguntó uno de los pastores.

– ¡No! – contestó el otro pastor -. ¡Lo que quiere es hacernos correr otra vez para burlarse de nosotros! – replicó el otro pastor.

– Es probable, dijo el otro pastor, pero si es verdad que el lobo se acerca, ¿qué hacemos?

Entonces los campesinos acudieron inmediatamente armados con hachas y palos a la cima de la colina. Sin embargo, se sorprendieron al no encontrar a lobo alguno, y comprendieron una vez más que era mentira al ver al pastorcillo riéndose. Los pastores indignados, regresaron disgustados al pueblo.

Hasta que un día sucedió lo que se temía. Que el lobo apareció esta vez de verdad cerca del rebaño del pastor mentiroso. Entonces, el pastorcillo mentiroso sintió mucho miedo y, al ver que se acercaba cada vez más, empezó a gritar con todas sus fuerzas:

– ¡Socorro! ¡Socorro, el lobo quiere matar a mis ovejas!, !por favor, vengan a ayudarme!

Los pastores y habitantes del pueblo lo oyeron, pero ya nadie puso atención a sus gritos, y mucho menos pensaron en acudir a auxiliarlo. Mientras, el lobo se abalanzaba sobre sus ovejas comiéndose una a una todo el rebaño, el pastorcillo mentiroso corría despavorido.

MORALEJA: «En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso».

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