“LAMENTO”

Canto sin tener ganas,

oscura melodía que entristece 

al que sin querer obliga a escuchar.

 

Lloro y al mismo tiempo te miro,

como cuando la luna se refleja en el río.

 

Sin sobresaltos vivo,

monótona existencia a modo de castigo

que acabará con una pena difícil de aliviar.

 

Se rompió mi juguete preferido

y nunca más con él podré jugar.

 

¡Adiós… adiós… adiós!

¡Adiós juguete mío!

.

¿DEJAR DE SOÑAR?

No hay nada que sea más interesante que soñar

para evadirse de la realidad,

para pasar momentos inolvidables,

para desear y pensar en el más allá.

Soñar, soñar, soñar…

soñar para disfrutar y,

por un momento, olvidar.

Como una pululante sombra cubre tu ser,

que sin tocar nada y palpándolo todo,

incansablemente se pasea de un lado a otro

conduciendo la mirada de principio a fin.

Nunca dejes de soñar.

Soñar, soñar, soñar…

siemplente soñar.

“LA LOMBRIZ”

Encontré una lombriz,

salió del interior de la tierra.

La cogí con mucho cuidado y

la puse sobre las palmas de mis manos.

Serpenteaba como podía:

¡Hilito marrón, blando y anillado!

 Al verse descubierta,

intentaba sin éxito,

ocultarse entre los dedos.

¡No quería que la comieran!

Era tal su impotencia que,

de repente,

decidió quedarse quieta.

¡Me asusté de su imprudencia!

Con gran decisión llevé al pequeño anélido

hasta un lugar seguro:

Una fértil y húmeda tierra.

¡Garantía de vida perpetua!

No sé qué fue de la lombríz

desde que la liberé

jamás la volví a ver.

¡Certero destino el suyo!

 

 

“VERANO, VERANILLO”

  • – ¡En verano hace calor!, exclamó mi amigo Ramón.

         – ¡Vaya una novedad!, le contesté yo.

         – ¡Ven conmigo y disfrutemos del veranillo

           comiendo, mojándonos y charlando!

  • Vi cómo el implacable sol:

         llevaba a la desesperación

         a seres que deambulando desganados

         buscaban algún umbrío rincón.

  • Pues yo observé a unas lagartijas

         disfrutando de un gran baño de sol

         calentando sus fríos cuerpecitos

         e inundándolos de calor.

  • ¡Hay verano veranillo

          exasperas a unos cuantos

         y a otros das cariño!

POEMA: “DIENTE DE LEÓN”

Diente de león me llaman.

Delicado y efímero,

sólo con un poquito de aire

me disipo, me disperso.

 

Con mi redondeado aspecto aterciopelado,

delicado entre los dedos,

Viento: ¡Méceme!,

¡llévame cerca y lejos!

 

Llenaré los campos con mi presencia,

sutil y finísimo manto.

¡Acaríciame, cúbreme

y concéde buenos deseos!

 

 

 

POEMA: “EL GERANIO”

 

El geranio que me regaló Genaro

por fin ha florecido.

El ambiente ha engalanado

con su magnífio colorido.

 

Al mismo tiempo su fragancia 

aromatiza el aire que respiro,

embelesando a los insectos

que acuden raudos hacia su destino.

 

Alegre, espectante,

con muy buen talante.

¡Este es mi gerenio favorito,

siempre estará conmigo!

 

 

“QUÉDATE EN CASA TOMASA”

 

¡Quédate en casa Tomasa!,

lugar en el que muchas cosas pasan.

 

Desde que despiertas

hasta que tu cuerpo,

con el paso de las horas,

sin remedio se adormezca:

 

Un paso adelante, un paso atrás;

del dormitorio al baño,

del pasillo a la cocina

y finalmente al salón.

 

Podemos ser uno, podemos ser dos,

o incluso un montón.

Dejarnos llevar y disfrutar viviendo

aunque entre cuatro paredes estemos.

 

Tomasa, ¡quédate en casa!

Lee, escribe, canta, baila,…

o si lo prefieres no hagas nada.

 

 

POESÍA: “DEL LIMÓN AL LIMONERO”

                    

Caminando, caminando

encontré un pequeño terreno;

un suelo cubierto de fértil tierra

cuidada con mimo y esmero.

 

– Tú acogerás las semillas del arrugado limón

que ayer recogí en el huerto del Tío Ramón.

 

Con un pequeño palo hice un agujero,

deposité las simientes y depacito las tape luego;

sin dilación me levanté

y sorprendido desde el interior escuché:

 

– Algún día volveremos convertidas en un nuevo ser,

con gustoso ácido invitaremos a los que nos quieran comer.

 

El tiempo pasaba lentamente,

y sin apenas desfallecer,

no perdía la esperanza,

tampoco el interés.

 

– ¡Paciencia amiguito, mucha paciencia!

Pronto saldré y poco a poco me verás crecer.

 

Raíces primero, tallo y hojas después;

un limonero fue levantándose erguido hacia el cielo

iluminado por el sol, regado por la lluvia

y mecido por el viento.

 

– ¡Por fin estás aquí, pequeño limonero!

A mi lado ya te tengo para acompañarte y probar tus frutos suculentos.