Si yo fuera agua me gustaría viajar
inundando desatinos, maleficencias, hipocresías…
Limpiaría de tinieblas el todo y la nada.
Aclararía las perfecciones e imperfecciones
arrastrándolas hacia un positivo infinito destino.
¡Qué hambre tengo!
Hace tiempo que no duermo.
¡Qué sueño, sueño, sueño!
Alguien me ha traído a este fabuloso lugar.
Aquí llenaré mi famélico estómago con exquisitos manjares,
después volaré jugando con el viento hasta quedar exhausto
y por fin dormiré, dormiré,
dormiré en este inmenso campo
con la ayuda de suaves brisas que tímidamente acariciarán mi cuerpo.
¡Qué bien se está aquí!
¡Soy feliz!
Arbusto de tallo corto con hojas verdes, gruesas y puntiagudas, que amenazan a los que se acercan con unos pinchitos alrededor. ¡Dan un poco de pavor!
Si cortas una hoja, lentamente emanará un blanquecino jugo que podrás utilizar para hacer cremas, pomadas, comidas, bebidas, y mucho más.
Sus flores son alargadas, con sedosos pétalos anaranjados y sujetas por largos tallos verdes. Todas ellas crecen hacia el cielo sin perderse.
Divertidas gotitas
que un día cualquiera
unos niños pintaron
con entusiasmo y esmero.
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– Yo te presto mis naranjas orejitas, ¡son mágicas!
Con ellas oíras sólo lo que quieras.
– De acuerdo, un intercambio nunca viene mal.
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– ¿Has pensado en lo que hablamos?
– No, tenía otras cosas que hacer.
– ¿A lo mejor no te entusiasmó demasiado?
– No lo sé, cuando te fuiste se me olvidó.
– ¡Ven conmigo!, iremos juntas a la reunión.
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– Ayer se me cayeron los dientes.
No sé cómo fue, ni siquiera me enteré.
– Es divertido verte sonreír con los cuatro que te quedan.
Podrás dejar una marca original siempre que quieras.
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– Amigo mío, hoy me he levantado un poco sombrío.
– No te preocupes, te llevaré a la fuente y se te aclarará la mente.
Un áspero muro y un tosco suelo
recibieron a un pajarillo que cayó del cielo.
Sobre sus patas el cuerpo reposaba.
De claro y suave plumaje,
aunque un poco despeluchado
por algunas partes.
Oscuros ojitos y pequeño pico.
No parpadeaba, no piaba.
no se movía,
solo respiraba.
Parecía frágil y desvalido.
con temerosa y expectante miraba.
¡No sabía dónde estaba!
¡Callaba!
Me acerqué a él y lo cogí,
ni un movimiento hizo.
Parecía estar muerto,
parecía estar vivo.
Ahora descansa en el nido,
que hizo su mamá
sobre la rama de una encina,
en donde debió esperar para saltar.