Asoma la cabeza,
surge por sorpresa
e inesperadamente emite
un ensordecedor rugido.
Umbría por todos lados.
Preguntas sin respuestas
que acrecientan la intriga:
¿Qué o quién es?
Acercamos nuestros pasos al lugar
para salir de dudas, tal vez.
Uno, dos, tres, cuatro,
ya estamos llegando.
Cinco, seis, siete y ocho,
un gran alivio inunda nuestros cuerpos.
¡Por fin!
Lunático perdido y melancólico,
con lágrimas regando su rostro.
A medida que nos acercábamos,
un manto blanco le iba envolviendo
y con él desapareció para siempre.
¡Fallida esperanza!









