Ramón vio cómo el agua, sin previo aviso, se llevó su casa.
¡Triste final para su lugar preferido!
Allí pasaba los días con su familia, con su perro afgano y, a veces, con sus amigos.
Era un hogar acogedor y tranquilo.
De repente, un ser mágico apareció, y acercándose al desolado Ramón le susurró: - Coge un poco de barro con tus manos, ponlo cerca de tu corazón, sopla suavemente y ...
¡Creer o no creer!
Cuando todo está perdido y la desesperación te embarga, llega un hilo de esperanza que te lleva a confiar.
Lágrimas de alegría derramaron sus ojos.
De la nada apareció su casa, sobre una barca llegó, ubicándose en el mismo enclave, atónito Ramón miraba y miraba.
¡Hurra, hurra, hurra!
Nunca más la casa de allí se movió.
Cuando el agua pasaba a poquitos se acercaba, humedecía el lugar y se marchaba sin inundar nada..