Una hormiguita en el techo encontré
quietecita estaba,
¡no sé por qué!
Subí a una escalera
para animarla a caminar,
pero la hormiguita
seguía sin andar.
De repente alguien encendió una luz
y corriendo, corriendo
desapareció.
Hormiguita: ¿Adónde vas?

Miguelito salió un día a pasear,
encontró unas alas en el suelo,
se las colocó sin dilación
y agitando sus brazos
se elevó hacia el cielo.
Cuanto más tiempo pasaba
más cambiaba su aspecto,
de pequeño infante
pasó a ser un ave elegante.
Decidió bajar hasta un lago
para reponerse del cansancio
y al verse reflejado en el agua
muy animado exclamó:
¡Ahora sí soy yo!