¡Hay caracolito, caracolito!
Con tu pesada concha caminas
sobre cualquier lugar,
arrastrando tu húmedo cuerpo
cada vez que te mueves.
Un día en el parque te encontré
subido en un movido columpio,
no emitías lamento alguno,
estabas en silencio.
Pensé: ¡Vaya mareo!
