CUENTO: «LAS CALABAZAS Y LA SEÑORA»

Una tarde cuatro calabazas iban de paseo por el campo y vieron una casa amarilla con el tejado rojo.

De repente salió una señora que les dijo: ¡Venir a jugar en mi casa!

Las calabazas entraron en la casa y se dieron cuenta de que la señora quería comérselas.

Entonces las calabazas se fueron corriendo. Llegaron a un bosque y se quedaron a vivir allí.

CUENTO: «LAS CALABAZAS Y LOS FANTASMAS»

Había una vez una calabaza que se llamaba Calabás que estaba dando un paseo.

Al cabo de un rato se encontró con su amiga Calabacis y jugaron.

Se lo estaban pasando tan bien que no se dieron cuenta de que se había hecho de noche. De pronto aparecieron unos fantasmas y se asustaron mucho.

Al día siguiente se habían convertido en monstruos.

CUENTO: «LAS TRES CALABAZAS»

Había una vez tres calabazas que vivían en un huerto.

Un día salieron a dar una vuelta.

Llegaron a un parque y jugaron mucho rato. Cuando se cansaron se fueron de allí.

De repente apareció un lobo que quería comérselas.

Las tres calabazas corrieron mucho para que el lobo no las atrapara. Cuando llegaron al huerto cerraron la puerta.

 

CUENTO: «CALABAZAS EN EL PARQUE»

Había una vez cinco calabazas que eran amigas. Un día fueron al parque para jugar.

Cuando llegaron vieron a un niña subida en el tobogán y a un niño en el columpio. De repente, el niño se cayó y se hizo una herida en una pierna.

Una calabaza que se llamaba Abrahan llamó por teléfono al 112.

Cuando llegó la ambulancia, salió un médico y curó al niño.

Despúés el niño se fue del parque y jugó con su perro.

Cuento: «GRANITO»

Granito era un pedrusco al que le gustaba mucho subir y bajar montañas. Un día se cayó y se hizo mucho daño en la cara.

Su amigo Cuarzo, que estaba allí, se acercó y le dijo: – Granito tienes sangre en la cara. Voy a llamar con mi móvil al hospital para que vengan a curarte.

Pasado un rato, llegó una ambulancia. Era blanca y tenía una sirena roja. Granito y Cuarzo se emocionaron al verla.

De ella bajó la enfermera Esmeralda. – Estas heridas hay que lavarlas y taparlas con una tirita, dijo. Con mucho cuidado curó a Granito. Éste muy contento exclamó: – ¡Gracias Esmeralda!

Cuando Esmeralda se marchó, Granito y Cuarzo se quedaron en el campo jugando. El final llegó y a todos la cara un poco nos dolió.——————————————————————————————————————- No olvides tener mucho cuidado si estás jugando en un sitio alto. Puede pasarte lo mismo que a Granito.

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Hemos hecho a Granito, el protagonista del cuento, con los siguientes materiales:

– Cartón para las bases

– Piedras de granito

– Cartulina

– Pintura para la cara

– Ojos de plástico

– Cola blanca para pegar

               

Cuento: «EL MANZANO»

Había una vez un manzano que tenía muchas manzanas. Un día una de ellas saltó y cayó al suelo. ¡Qué divertido!, exclamó.

Rodando, rodando llegó a un río y se metió en el agua fresquita. De repente un pez se acercó a ella: – ¿Qué haces en el agua manzanita? – He venido a darme un baño, respondió. – ¿Quieres jugar conmigo?, preguntó el pececillo. – ¡Vale!, dijo la manzana. Los dos estuvieron divirtiéndose todo el día.

Las demás manzanas, al ver lo que había hecho su compañera, decidieron saltar también. Entonces el manzano se quedó vacío y silencioso.

Cuando llegaron al río vieron a su compañera y se metieron en el agua también. Pasado un rato, varios peces que pasaban por allí se quedaron a jugar con ellas. Como el cielo comenzaba a oscurecerse, decidieron marcharse, no sin antes despedirse de los pececillos. – ¡Pronto volveremos a vernos!

Rápidamente, las manzanas cogieron una escalera y empezaron a subir al árbol. Éste al ver que habían regresado contentas, las saludó y toda la noche tranquilo descansó.

Cuento: «El moscardón Pepe»

Había una vez un moscardón llamado Pepe. Volaba y volaba de aquí para allá. Sólo paraba para comer y descansar.

Pepe veía cómo todos los días los niños y niñas iban a la escuela. Él también quería ir para aprender. Una mañana se puso una mochila en la espalda y se marchó caminando hacia la escuela. De repente comenzó a llover y sus alas poco a poco se iban empapando.

Miguelín le vio, le cogió, le secó y le llevó a la escuela.

Desde aquel día el pequeño moscardón y Miguelín se hicieron muy buenos amigos y siempre iban juntos a todos lados. Así este cuentito llegó a su fin.

Cuento: «El flautista de Hamelín»

Para hacer estas láminas de gran tamaño hemos utilizado:

– Papel blanco

– Lápiz negro

– Rotuladores

– Ceras de colores

– Tijeras

– Periódicos

– Papel charol marrón, amarillo, azul y verde

– Papel dorado para la flauta

– Papel plateado para las monedas

– Pegamento

Había una vez un pueblo llamado Hamelín que estaba lleno de ratones. La gente fue a informar al alcalde de lo que ocurría y éste decidió dar una bolsa con diez monedas de plata a la persona que pudiese solucionar el problema.

Al cabo de unos días un flautista, venido de muy lejos, dijo al alcalde que se llevaría a todos los ratones del lugar y aseguró que nunca más les molestarían. Éste le prometió una gran recompensa si lo conseguía.

Al salir del ayuntamiento comenzó a tocar una suave melodía y, como por arte de magia, empezaron a salir ratones por todos lados.

Muy animados, los ratones siguieron al flautista, que no había dejado de tocar su flauta, hasta un río y allí se ahogaron.

Entonces el flautista fue a ver al alcalde para pedirle su recompensa. Éste se negó a darle la bolsa con las diez monedas de plata que le había prometido.

Muy enfadado salió a la calle y empezó a tocar su flauta entonando una melodía muy alegre. Los niños y niñas del pueblo, al oírla, salieron de sus casas y se fueron detrás del flautista bailando alegremente.

Siguieron bailando detrás del flautista hasta que llegaron a una enorme gruta. Cuando todos los niños y niñas habían entrado, la flauta dejó de sonar y la gruta se cerró. Tenían mucho miedo y gritaban desconsolados para que el flautista les sacara de allí, pero éste se marchó.

Al ver que los niños y las niñas habían desaparecido, los familiares fueron a hablar con el alcalde. Éste, al verse presionado, confesó que no había pagado al flautista y por eso se los había llevado.

Rápidamente el alcalde buscó al flautista y cuando le encontró le dio la recompensa: Una bolsa con diez monedas de plata.

Después, el flautista sacó a los niños y niñas de la gruta y los llevó a Hamelín junto a sus familias. Colorín, colorín, este cuento llegó a su fin.

Cuento: «Los tres cerditos»

Para hacer estas láminas hemos utilizado:

– Folios blancos

– Lápiz negro

– Rotuladores

– Papel «seda» amarillo

– Ceras de colores

– Palillos

– Pegamento

Había una vez tres cerditos que decidieron independizarse. Como no tenían ningún lugar para refugiarse decidieron construir sus propias casas.

El cerdito mayor construyó su casa con pajas. Como acabó muy pronto tuvo mucho tiempo para cantar bailar y descansar.

El cerdito mediano decidió hacer su casa con palitos. Tardó un poco más en terminarla que el cerdito mayor. Cuando acabó su trabajo fue a divertirse con él por el campo.

El cerdito pequeño prefirió construir su casa con ladrillos para que fuese más sólida. Tardó mucho más tiempo en terminarla que sus dos hemanos pero cuando acabó su trabajo fue con ellos a jugar y a disfrutar del tiempo libre.

Cuento: «Caperucita Roja»

Las ilustraciones de este cuento se han elaborado con los siguientes materiales:

– Papel continuo blanco

– Un tapón circular para dibujar las cabezas de los personajes, todas del mismo tamaño

– Lápiz y rotulador negros para dibujar y repasar las letras y los personajes

– Papel de periódico para los troncos de los árboles y las almohadas de la cama

– Tijeras y pegamento

– Papel charol para la cama

– Ceras blandas de colores

Érase una vez una niña que tenía una caperuza roja y siempre se la ponía para salir. Por eso todos la llamaban Caperucita Roja.

Un día su mamá le dijo:
– Ve a casa de la abuelita que está malita y llévala esta cestita con un poco de sopa, leche y miel.
– ¡Vale, mamá!
– Y no te entretengas por el camino.
– ¡Así lo haré!

Iba alegre y cantando por el camino cuando, de repente, apareció un lobo.
– ¿Adónde vas Caperucita?
– Voy a ver a mi abuelita que está malita y a llevarla esta cestita con sopa, leche y miel.
– ¿Por qué no recoges unas florecillas y se las llevas también?
– Sí, seguro que la gustarán mucho.

Mientras Caperucita recogía flores, el lobo fue corriendo a casa de la abuelita.
Abrió la puerta, entró y como tenía mucha hambre se la comió.

Después el lobo se disfrazó de abuelita y se metió en la cama.
Cuando llegó Caperucita la puerta estaba abierta, entró muy despacito y se acercó a la cama:
– Abuelita, abuelita, que orejas más grandes tienes?
– Son para oírte mejor.
– Abuelita, abuelita, que ojos más grandes tienes?
– Son para verte mejor.
– Abuelita, abuelita, que boca más grande tienes?
– Es para comerte mejor.
El lobo se avalanzó sobre la niña y de un bocado se la tragó.

Un cazador que estaba cerca del lugar oyó los gritos y se acercó a la casa para ver lo que ocurría. Miró por una de las ventanas y vio al lobo durmiendo en la cama. Entonces entró sigilosamente para no despertarle. Cogió un cuchillo, le cortó la barriga y sacó a Caperucita y a la abuelita. Después los tres fueron a buscar piedras, las metieron en la barriga del lobo y el cazador se la cosió.

Cuando acabaron se escondieron en el bosque y vieron salir al lobo de la casa.
– Me pesa mucho la barriga y tengo mucha sed. Voy a buscar agua para beber.

Andando, andando, el lobo llegó a un río y, al agacharse para beber, el peso de las piedras hizo que se cayera en él.
– ¡Socorro, socorro!, ¡qué me ahogo!
Al final el lobo se ahogó en el río y colorín, colorado este cuento se ha terminado.