Pico picoteo
y en el árbol
hago un agujero.
Allí pongo mi nido,
donde vivo y duermo.
¿Quién soy?

¡Qué hambre tengo!
Hace tiempo que no duermo.
¡Qué sueño, sueño, sueño!
Alguien me ha traído a este fabuloso lugar.
Aquí llenaré mi famélico estómago con exquisitos manjares,
después volaré jugando con el viento hasta quedar exhausto
y por fin dormiré, dormiré,
dormiré en este inmenso campo
con la ayuda de suaves brisas que tímidamente acariciarán mi cuerpo.
¡Qué bien se está aquí!
¡Soy feliz!
Para hacer esta cuentiflor necesitas:
– Un plato de cartón
– Lápices de colores y rotuladores
– Catulinas marrón y crema para los pétalos
– Grapas para sujetar los pétalos
– Papel verde para las hojas, para el tallo dónde está escrito el cuentecito
y para la hierba
– Lana verde para atar el tallo
– Un vaso decorado con ceras para la macetita
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Después se fueron a dar un paseo y vieron un árbol muy grande que tenía un nido gigante con cinco huevos.
Un áspero muro y un tosco suelo
recibieron a un pajarillo que cayó del cielo.
Sobre sus patas el cuerpo reposaba.
De claro y suave plumaje,
aunque un poco despeluchado
por algunas partes.
Oscuros ojitos y pequeño pico.
No parpadeaba, no piaba.
no se movía,
solo respiraba.
Parecía frágil y desvalido.
con temerosa y expectante miraba.
¡No sabía dónde estaba!
¡Callaba!
Me acerqué a él y lo cogí,
ni un movimiento hizo.
Parecía estar muerto,
parecía estar vivo.
Ahora descansa en el nido,
que hizo su mamá
sobre la rama de una encina,
en donde debió esperar para saltar.